Entrevista a Irene Huete
9 julio, 2016
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Entrevista a Natalia Tchitch

Adriana Pulido, una de nuestras jóvenes colaboradoras, entrevista a Natalia Tchitch durante el descanso del curso de interpretación que impartió el fin de semana del 16 y 17 de abril de 2016 en el CPM Gonzalo Martín Tenllado de Málaga.

Adriana: ¿Cuándo empezaste a tocar la viola?

Natalia Tchitch: Empecé tocando el piano con cinco años y un año y medio más tarde comencé con el violín hasta los doce que fue cuando finalmente me decidí por la viola.

A.: ¿En tu familia había algún músico? ¿Desde cuándo quisiste estudiar música?

N. T.: Mis padres son músicos, mi hermano también y ellos me inculcaron el amor por la música desde pequeña. Además en Rusia se respiraba música por todos lados y esto fue algo que me ayudó a sentir más interés por seguir adentrándome en este mundo.

A.: ¿Cómo fue tu educación musical?

N. T.: Mi educación musical ha sido muy larga y completa porque empecé desde muy pequeña. Estudié once años en la escuela donde el objetivo principal era prepararnos para el conservatorio superior, después de los cuatro años de superior estudié tres años en la Escuela Superior Reina Sofía.

A.: ¿Cuáles son tus proyectos a largo plazo? ¿Prefieres trabajar en una orquesta o seguir con tu labor como profesora?

N. T.: Sí, ahora mis proyectos están más enfocados a la pedagogía, pero intento ser un músico activo ya que me resulta imprescindible estar preparada para mis alumnos, así que empleo un cincuenta por ciento de mi tiempo a mi estudio y preparación personal y el otro cincuenta por ciento a impartir clase a mis alumnos. Prefiero tocar tocar todo el tiempo que puedo y creo que mucha gente tiene esta necesidad, o mejor dicho esta obligación. No es la cantidad de clases que das sino la capacidad de transmitir la información que hemos recibido algunos de nosotros en nuestra formación con profesores muy competentes. Por suerte nos hemos formado con gente de mucho peso en el mundo de la música. Grandes “dinosaurios”  [ríe].

A.: ¿Qué es lo que más te gusta de ser músico?

N. T.: Disfruto mucho enseñando a mis alumnos lo que yo he aprendido gracias a grandes profesionales de la viola. Es algo que me reconforta mucho.

A.: ¿Cuáles son tus pilares como intérprete?

N. T.: Mmm, es una pregunta difícil dependiendo de cómo queramos enfocarla.

En primer lugar, para ser un buen intérprete hay que estudiar mucho en cualquier circustancia. No importa cuantos años tengas, si quieres dedicarte a esto tienes que tener mucha constancia y perseverancia en el estudio y sacrificar muchas cosas.

Segundo, para ser bueno no tengo idea porque no tengo tengo consciencia de si soy buena o mala. Intento hacerlo lo mejor posible y disfruto muchísimo cuando tengo una obra entre mis manos, y poder tocarla es un privilegio siempre.

Bueno, hay mucho en esta pregunta se podría desarrollar mucho más…

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A.: Háblanos de tu viola… ¿desde cuando tocas con ella? ¿Cuál es su procedencia? ¿Cuántos años tiene? ¿Crees que es esencial contar con un buen instrumento?

N. T.: Toco con un instrumento bastante moderno, del año 1985, hecho por un luthier francés que se llamaba Jacques Fustier. Un señor que tenía muchísima fama de ser muy solitario. No tenía ningún contacto con el mundo de la luthería, que suelen tener fama hoy en día por ser hombres de negocios. Este hombre hacía sus instrumento de incógnito y no necesitaba reconocimiento de sus colegas. Hay muchísimos músicos que tocan con instrumentos de este luthier. Murió hace un par de años, y se trató de una gran pérdida en el mundo de la música ya que era único en su especie. La viola es bastante grande y suena muy bien. Estoy muy contenta con ella.

A.: ¿Estás interesada en la música de cámara? ¿Actualmente formas parte de alguna agrupación?

N. T.: Sí, siempre he tenido interés por la música de cámara y de hecho le doy mucha importancia. Me encanta tener contacto con mis amigos músicos y hacer música juntos. Es algo que aprecio mucho y considero imprescindible en la formación de un buen músico.

A.: ¿Cuánto tiempo dedicas al estudio del instrumento?

N. T.: Depende de las etapas de la vida… Si fuera por mi entusiasmo estaría estudiando todo el tiempo. Si tienes seis horas libres, aprovéchalas y estudia. Lo que pasa es que para la gente que tiene más ocupaciones, que se dedica a la enseñanza o a dar conciertos es muy difícil sacar tiempo disponible. A veces sólo puedes tocar una hora por la noche y hay que aprovecharla sí o sí. Otras veces tienes el lujo de tener tres días libres y puedes planificar tus horas de estudio. La mayoría de los jóvenes no tienen noción del tiempo y de lo valioso que es. No saben lo que quieren, quiero decir.

En ocasiones me pasa que me encuentro en un sitio donde no quiero estar y siento estar perdiendo el tiempo. En esas situaciones me suelo decir que pagaría por comprar ese tiempo e invertirlo en mi estudio. Quiero comprar el tiempo pero nadie me acepta el dinero [risas].

No importa la edad que tengas, siempre siempre tienes que estudiar lo máximo y mejor posible.

A.: Como pedagoga, ¿Qué exiges a tus alumnos? ¿Qué crees que es más importante para formar buenos músicos?

N. T.:  Considero muy importante estudiar bien, con consciencia. A veces es mejor no avanzar tan rápido pero tener asegurados los pequeños pasos que vayas dando en la educación de tu técnica. Ya habrá tiempo de avanzar más rápido, no hay que agobiarse si no te salen las cosas en el tiempo estimado, solo debes preocuparte en simplificar el trabajo y hacerlo paso a paso para interiorizar bien el proceso.

A.:  ¿Hay alguna obra para viola que haya marcado un antes y un después en tu vida?

N. T.:  Muchas obras fueron importantes para mí, lo que ha cambiado es mi forma de estudiar y trabajar. He ido pasasando de tener una cierta incosciencia a tener una plena consciencia del instrumento y de mi cuerpo. Te vas dando cuenta de que todo es posible y que es fácil alcanzar los objetivos que poco a poco te vas marcando.

El primer trago de fracaso es algo que marca un antes y un después y que no se olvida. El fracaso de haber estudiado muchísimo y después salir al escenario y que no te salgan los resultados esperados es horrible. A partir de ese momento empiezas a estudiar de forma diferente y cada obra que tocas tiene otro sentido, otro objetivo, otra relación contigo. Ya no existe esa sensación de “estudiándolo mañana saldrá bien”, te empiezas a exigir más a ti misma.